Eran cerca de las 5 de la tarde, Victoria caminaba sin rumbo
empapada hasta las trancas de nuevo lloraba sin querer, su largo cabello rubio
chorreaba como si fuera una cascada, ¿Cómo llegaría? ¿Qué excusa pondría que
fuese creíble? En sus lágrimas solo existía impotencia, sabía que tenía que
volver a ese lugar tan gris –Es lo que te tocó vivir- lo había escuchado más de
una vez, pero estaba convencida que el destino era un desgraciado y algún día
todo ese martirio tendría que acabar.
Y cuando pensaba que nada podría ir peor,
recordó aquellos ojos y esa sonrisa todo en él
era inolvidable, - Lo más probable es que no sea un hombre, es demasiado
maravilloso para serlo-, parecía que el tiempo había pasado volando desde aquél
día, todo fue fugaz, el coche, la librería, aquel restaurante que parecía
sacado de una película, el río, soltó un suspiro fuerte, cuando se dio cuenta
de donde estaba seco las lágrimas y giró a la derecha.
La puerta rechinante y escandalosa le advirtió a los
inquilinos que alguien había llegado, Victoria sacudió su cabello y trató de
exprimirlo antes de entrar, todo estaba tan desorganizado como siempre, de
repente una bola de cabello se acercaba hacia ella lenta y des interesadamente
después de pasar entre sus piernas lo tomó del pecho y lo abrazó fuertemente
- Me da gusto que sigas con vida en esta
guerra tic- le susurró en la oreja al pequeño gato y después lo dejo caer
delicadamente en el piso tic corrió a esconderse debajo de un sillón y Victoria
se movió a la cocina una mujer castaña y menudita entró a su encuentro.
–Vic, llegas de nuevo tarde, Daniel está realmente enojado yo
diría que como nunca y quiere verte, te ha escuchado entrar.
- Para ti siempre es tarde, y para ese también, ojalá pudiera
decirle todo lo que se merece si tú me lo permitieras y no fueras tan cobarde,
pero siempre las cosas son iguales, vivimos peor y él tiene más y no
precisamente por sus méritos, ¿Verdad Anita? En este momento voy, toma a tic y
a César, salgan de aquí sabes que no me gusta que me escuche hablar con ese
patán que no sabe hacer otra cosa más que insultar.
- ¡Victoria, tienes que respetarlo el es...!
- Él no es nadie, tú
no lo estás siendo tampoco, ahora haz lo que te digo y déjame en paz.
La mujer salió con los ojos cristalinos y desapareció entrando
a otra recámara. Aún con los pantalones estilando agua sucia, Vic empuñó las
manos y toco la puerta.
-Ya deja de hacer tanto escándalo y pasa
Victoria respiró profundo, empuño las manos y le dio un
pequeño empujón a la puerta.
-Vaya hora de llegar, ¿Haz traído algo?
-¿Traer como qué?
-No te hagas idiota, ayer te expliqué muy bien la
situación, yo no puedo hacerme cargo y esa es la manera más fácil, hoy hice
unas cuantas llamadas para pro…
-¡CALLA! Yo no voy a conseguir nada y voy a hacer las
cosas de la manera “Más fácil” ¿No se te hace que ya te ayudé mucho? ¿Cinco
años no son suficientes?
-No lo son, tú sabes que trabajar no es lo mío yo estoy
hecho para otro tipo de cosas.
Victoria sentía el coraje recorrer por las venas, tantos años
trabajando en lo que podía, mientras que este hombre intentaba “buscar para que
era bueno en la vida” una infancia perdida, ni amigos, ni personas que la
estimaban, su vida era un asco gracias a esa figura robusta y grande que tenía
enfrente, mientras se percató de una lagrima rodando por su mejilla y
rápidamente la secó.
-Solo eso me faltaba, que lloraras, eres igual a tu
madre y a todas las mujeres.
-Cállate no eres más que un des obligado- Vic lo dijo
tan bajo como un susurro
-¿Qué haz dicho pequeña idiota?
-¡Que eres un bueno para nada!-
Casi inmediatamente el
grito de Victoria se vió ahogado por un golpe en la cara que la dejó en el
suelo, sabía que habría consecuencias más fuertes que un golpe en la cara y
mientras trataba de levantarse lo más rápido que podía Daniel había echado ya
seguro a la puerta, estaba encerrada con un loco enojado, y sabía que el
desenlace no sería bueno.
-¿Ahora quién no puede hacer nada?- Gritó Daniel
mientras la perseguía por el cuarto acechándola como un león a su presa,
Victoria tropezó por ir caminando de espaldas el hombre se abalanzó sobre ella,
Victoria esperaba el segundo golpe cuando se escuchó un estruendo y Daniel se
desplomó en el piso.
Aquella mujer que había salido llorando de la casa, estaba
ahí parada frente a ella aún con el arma en la mano y temblando.
siento que me perdí un poco de la historia puesto que este capitulo no me quedo muy claro, pero eso no lo quita lo interesante y el buen trabajo que realizas, sigue así y espero el próximo capitulo,
ResponderBorrarMe gusta la historia aunq tmb me perdi un poquito hehehe... pero muy buena forma de redactar, sigue asi :)
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