miércoles, 20 de noviembre de 2013

Hoy es un día especial

A donde iban no era lo importante, bien podían llegar al fin del mundo y ella seguiría admirando esos rasgos tan peculiares, después de un tiempo de camino, pudo descubrir unas cuantas pecas en sus mejillas blancas y una cicatriz arriba de su ceja derecha, ¿Dónde te había visto? Se lo preguntaba  una y otra vez.
-Bueno, en realidad no me arrepiento de haberte atropellado, eso me permitió ver tu hermoso rostro- Mencionó Manuel de forma relajada.
-En  verdad eres un idiota- y después de un pequeño silencio, Victoria logró sonreír y relajó los brazos, estaba con un extraño y eso tal vez parecía peligroso pero que más le daba, prefería correr riesgos que volver a la realidad.

Cuando el carro paró, logro mirar a su alrededor había un lago enorme -¿A dónde me trajiste? – Manuel sonrió de una manera irresistible – ¿Nunca pones atención a lo que te dicen? Cuando veníamos de camino te mencioné de comer al lado de un lago, como no respondiste yo pensé que tu respuesta era un sí- A Victoria no le quedo más que elevar los hombros y seguirlo, llegaron a la orilla del lago, un lugar lleno de palapas y mesas, pero solo.
Una mujer mayor y de cabello negro se acerco
 -¿Lo de siempre cariño?
-Hoy es especial, sorpréndenos
- oh si veo que vienes muy bien acompañado- la mujer guiñó un ojo y dejo salir una risa discreta
-Así que viene usted aquí seguido
-¿Desde cuándo tanta formalidad cuando no me has bajado de idiota durante todo el día
--Si consideras que estuviste a punto de arrollarme y aún así te bajaste a gritonearme, es lo justo
Lo justo hubiera sido que no te atravesaras sin fijarte en el tráfico

Victoria hizo una gran mueca de disgusto y rió sarcásticamente, después de comer, decidieron pasear por el lago, estaba apunto de atardecer y Manuel se dio cuenta que habían caminado demasiado y que Victoria ya estaba cansada.

-Deberíamos de sentarnos aquí a ver el espectáculo- le dijo señalándole una gran piedra a un lado del río.

Victoria sin decir una sola palabra se sentó y dejo que Manuel lo hiciera a un lado de ella, mientras veía el atardecer, sintió un brazo en el hombro y sonrío tímidamente, suspiró y se dio cuenta que ese día para bien o para mal, la cambiaría para siempre. Manuel comenzó a hablar sobre el atardecer y sus colores, mientras ella hacía su mayor esfuerzo por tratar de no parecer nerviosa y sólo pensaba en su sonrisa ¿Qué harás en mi camino?, Victoria siempre había pensado que todas las personas estaban en su vida por algo, para ayudar o para perjudicar, pero por algún motivo se cruzaban en su camino.

El sol al fin se rindió ante la noche y comenzaron a asomarse las primeras estrellas, ellos no dejaron de hablar ni un solo momento, del magnífico lugar, del clima o de la comida, ella estaba impresionada con sus ojos y él le mencionó varias veces que su sonrisa era encantadora.
-Vaya que ha sido un día de locos, jamás me imaginaré que terminaría aquí
-¿Sabes que estaría aún mejor preciosa?, ven sígueme.

Manuel se quitó los zapatos y comenzó a caminar hasta el lago hasta llegar a la orilla, entró poco a poco hasta que el agua le llegó a las rodillas, Victoria le seguía quejándose del  agua fría.
-¿Qué pretendes hombresillo?
- Que sientas- y mientras lo decía la tomó de la cintura abrazándola fuertemente
-Pues vaya que está fría
-Pues entonces disfrútala 

Fue casi instantáneo y sin sentirlo cuando Manuel la cargo y corrió a sumergirla, y fueron imposibles sus esfuerzos de salir de aquellos brazos, después de un abrazo largo en el agua, Victoria se separó tímidamente y le dio la mano ofreciendo que se salieran, volviendo a sentarse en aquella piedra, completamente mojados y ella llena de confusiones.

 Dejó caer la cabeza delicadamente sobre el hombro de Manuel, – Victoria, me llamo Victoria- le susurró al oído- Ya lo sabía- le contestó la voz tranquila.

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