A donde iban no era lo importante, bien podían llegar al fin
del mundo y ella seguiría admirando esos rasgos tan peculiares, después de un
tiempo de camino, pudo descubrir unas cuantas pecas en sus mejillas blancas y
una cicatriz arriba de su ceja derecha, ¿Dónde te había visto? Se lo
preguntaba una y otra vez.
-Bueno, en realidad no me arrepiento de haberte atropellado,
eso me permitió ver tu hermoso rostro- Mencionó Manuel de forma relajada.
-En verdad eres un
idiota- y después de un pequeño silencio, Victoria logró sonreír y relajó los
brazos, estaba con un extraño y eso tal vez parecía peligroso pero que más le
daba, prefería correr riesgos que volver a la realidad.
Cuando el carro paró, logro mirar a su alrededor había un
lago enorme -¿A dónde me trajiste? – Manuel sonrió de una manera irresistible –
¿Nunca pones atención a lo que te dicen? Cuando veníamos de camino te mencioné
de comer al lado de un lago, como no respondiste yo pensé que tu respuesta era
un sí- A Victoria no le quedo más que elevar los hombros y seguirlo, llegaron a
la orilla del lago, un lugar lleno de palapas y mesas, pero solo.
Una mujer mayor y de cabello negro se acerco
-¿Lo de siempre
cariño?
-Hoy es especial, sorpréndenos
- oh si veo que vienes muy bien acompañado- la mujer guiñó un
ojo y dejo salir una risa discreta
-Así que viene usted aquí seguido
-¿Desde cuándo tanta formalidad cuando no me has bajado
de idiota durante todo el día
--Si consideras que estuviste a punto de arrollarme y
aún así te bajaste a gritonearme, es lo justo
- Lo justo hubiera sido que no te atravesaras sin
fijarte en el tráfico
Victoria hizo una gran mueca de disgusto y rió sarcásticamente,
después de comer, decidieron pasear por el lago, estaba apunto de atardecer y
Manuel se dio cuenta que habían caminado demasiado y que Victoria ya estaba
cansada.
-Deberíamos de sentarnos aquí a ver el espectáculo- le
dijo señalándole una gran piedra a un lado del río.
Victoria sin decir una sola palabra se sentó y dejo que
Manuel lo hiciera a un lado de ella, mientras veía el atardecer, sintió un
brazo en el hombro y sonrío tímidamente, suspiró y se dio cuenta que ese día
para bien o para mal, la cambiaría para siempre. Manuel comenzó a hablar sobre el atardecer y sus colores, mientras ella hacía su mayor esfuerzo por tratar de no parecer nerviosa y sólo pensaba en su sonrisa ¿Qué harás en mi camino?, Victoria siempre había pensado que todas las personas estaban en su vida por algo, para ayudar o para perjudicar, pero por algún motivo se cruzaban en su camino.
El sol al fin se rindió ante la noche y comenzaron a asomarse las primeras estrellas, ellos no dejaron de hablar ni un solo momento, del magnífico lugar, del clima o de la comida, ella estaba impresionada con sus ojos y él le mencionó varias veces que su sonrisa era encantadora.
-Vaya que ha sido un día de locos, jamás me imaginaré que terminaría aquí
-¿Sabes que estaría aún mejor preciosa?, ven sígueme.
Manuel se quitó los zapatos y comenzó a caminar hasta el lago hasta llegar a la orilla, entró poco a poco hasta que el agua le llegó a las rodillas, Victoria le seguía quejándose del agua fría.
-¿Qué pretendes hombresillo?
- Que sientas- y mientras lo decía la tomó de la cintura abrazándola fuertemente
-Pues vaya que está fría
-Pues entonces disfrútala
Fue casi instantáneo y sin sentirlo cuando Manuel la cargo y corrió a sumergirla, y fueron imposibles sus esfuerzos de salir de aquellos brazos, después de un abrazo largo en el agua, Victoria se separó tímidamente y le dio la mano ofreciendo que se salieran, volviendo a sentarse en aquella piedra, completamente mojados y ella llena de confusiones.
Dejó caer la cabeza
delicadamente sobre el hombro de Manuel, – Victoria, me llamo Victoria- le
susurró al oído- Ya lo sabía- le contestó la voz tranquila.